Lanzamiento de campaña

Llegó la hora de renovar la esperanza

DISCURSO DE MAX PUIG EN SU PROCLAMACIÓN COMO CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA POR LA ALIANZA POR LA DEMOCRACIA (APD), EL 11 DE AGOSTO DE 2011

Les agradezco a todos y a cada uno de ustedes por acompañarme en este acto de lanzamiento de mi candidatura a la presidencia de la República.

Al mismo tiempo, le expreso mi gratitud a mi amado pueblo dominicano. Lo que soy, como persona, se lo debo al haber nacido en esta tierra y haber aprendido de las luchas libradas por nuestro pueblo a lo largo de su historia.

Nací y crecí en Puerto Plata en pleno apogeo de la tiranía trujillista, en un hogar donde se mantuvo encendida la llama de la resistencia a la opresión. Mi madre era maestra y mi padre un médico que no les cobraba la consulta a los pacientes pobres. Desde muy temprano palpé el inmenso sufrimiento de nuestra gente.

Durante la dictadura mi padre fue a la cárcel trece veces. Cuando yo tenía doce años fue secuestrado, salvajemente torturado y detenido en una de las más terribles cárceles: un hospital psiquiátrico. Le visité, tanto  en el llamado manicomio de Nigua como luego en el kilómetro 28, donde estuvo recluido durante casi dos años.

Fue en esa época que hice mío el compromiso indeclinable de asumir la causa de los que tienen hambre y sed de justicia y libertad.

Desde entonces he luchado por la democracia y la igualdad en todas las trincheras.


Vienen a mi memoria, algunas de las circunstancias que me ha tocado vivir.

En París, en los años sesenta, donde tuve la suerte de poder estudiar, conocí al profesor Juan Bosch; al fundador del MPD, Máximo López Molina; al doctor José Francisco Peña Gómez; a muchos oficiales constitucionalistas y héroes de abril y a muchos otros revolucionarios e intelectuales dominicanos y de otras nacionalidades.

A partir de 1971 enseñé sociología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en una de las mejores experiencias que me haya tocado vivir. Recuerdo con cariño a mis estudiantes.

Para la misma época me integré a la labor social junto a organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, asociaciones campesinas, cooperativas, clubes de jóvenes, impulsando programas de formación y organización, planes de alfabetización y de mejoría de la producción.

Recorrí el país de punta a punta, conociendo de cerca las precariedades en que vivía y sigue viviendo una buena parte de nuestro pueblo.

Conocí gente maravillosa: campesinos y estudiantes; sacerdotes y pastores; amas de casa y religiosas; obreros y profesionales.

Junto a mi labor social, asumí un compromiso político y
me integré a los Comités Revolucionarios Camilo Torres, los CORECATO, junto a Miguel Cocco y muchos otros valiosos compañeros y compañeras.

A través de los CORECATO me tocó colaborar estrechamente con Amaury Germán Aristy y los Comandos de la Resistencia. Años más tarde, quienes formamos parte de los CORECATO fundamos el Partido Socialista.

En 1984 el profesor Juan Bosch nos pidió que pasáramos a cerrar filas en el Partido de la Liberación Dominicana. Es para mí un honor haber trabajado de cerca con él durante muchos años y haber gozado de su confianza.

Juan Bosch fue un hombre íntegro y riguroso; solidario y patriota; un maestro sencillo y cercano, que estuvo siempre atento a los que de él quisieron aprender.

Comparto el profundo desprecio que sentía don Juan por aquellos que hacen de la política un negocio. Como él, quiero ver a los mercaderes lejos del templo de la República.

Representé a mi provincia, Puerto Plata, en el Senado de la República de 1990 a 1994; desde allí impulsé el desarrollo social con la participación de amplios sectores de la ciudadanía.

Junto a mis compañeros y compañeras de la APD participé en los gobiernos encabezados por el presidente Fernández.  Nuestra conducta se rigió siempre por el Código de Ética de los Servidores Públicos Apedeistas y, siguiendo sus lineamientos, actuamos siempre con responsabilidad, vocación de servicio y eficiencia. Nuestra línea ética no le cedió terreno a la prevaricación, al clientelismo ni a la corrupción.

Desde el gobierno, respeté la ley e hice lo que consideré justo, decente y necesario.

Se muy bien que algunas personas ven siempre los toros desde la barrera y solo se limitan a criticar, sin correr riesgos ni asumir responsabilidades. No es mi forma de ser. He preferido comprometerme y ayudar a mejorar la suerte de nuestro pueblo. He demostrado que se puede participar en el gobierno y actuar con eficiencia y honestidad.

Se también que hay personas que cuando asumen un puesto en el gobierno pierden todo juicio crítico y obedecen como borregos todo cuanto se les dice que deben hacer.

Cuando fui Secretario de Estado de Medio Ambiente enfrenté presiones de parte de sectores que, movidos por la codicia, amenazaban la tierra, el agua o el aire de los dominicanos. Denuncié y me opuse a malos dominicanos que atentaban contra el patrimonio de la nación. No me tembló el pulso, y salí del gobierno con la frente en alto.

Hace pocos días renuncié a la función de Ministro de Trabajo, posición desde la que actué movido por mis principios y valores.

Siempre les dije con franqueza lo que pensaba a empleadores y trabajadores, insistiendo en que se colocara el empleo en el centro de las políticas públicas.

La República Dominicana es un país de bajos salarios, de trabajadores escasamente formados y poco productivos. Apoyé con vigor una política de ingresos, orientada a mejorar los salarios de nuestra clase trabajadora, e impulsé una política de formación técnico-profesional, con  énfasis en los jóvenes, que son los que más la necesitan para poder insertarse de manera útil y decente en la sociedad.

Respaldé las políticas de género, con el propósito de igualar las oportunidades y los derechos de hombres y mujeres en el trabajo.

Puse todo mi empeño en mejorar el Sistema Dominicano de Seguridad Social, ampliando el número de beneficiarios y mejorando las prestaciones.

Hay sectores de la clase trabajadora que no cuentan con ningún tipo de protección; asumí su defensa con firmeza, como sucedió en los casos de los trabajadores jubilados y las trabajadoras y los trabajadores domésticos.

La organización política que presido, la Alianza por la Democracia, me propone como candidato a la presidencia de la República. Aquí, ante ustedes, acepto el reto.

En el punto en que me encuentro en el camino de la vida tengo los conocimientos, la experiencia, la sensibilidad, la salud y la entereza necesarios para asumir la presidencia de la República.

Mis motivaciones tienen que ver con la particular y difícil situación en que está colocada nuestra sociedad en este momento de su historia.

El pueblo dominicano se formó de manera progresiva, enfrentando las más diversas vicisitudes. Desarrollar nuestra identidad, constituirnos como nación y mantener nuestra independencia ha sido un proceso complejo y difícil, lleno de heroísmos sin límite.

Nos hemos forjado en el surco, en la fábrica, en la escuela y en la trinchera.

El 30 de mayo pasado se cumplieron cincuenta años del ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo.

Se creyó que con su desaparición se abrirían las avenidas de la libertad y la prosperidad para todos y todas.

A cincuenta años de ese acontecimiento histórico, ¿dónde estamos?  ¿Qué ha sido de nuestro sueño de realización colectiva? ¿Hasta dónde hemos llegado en la construcción de esa sociedad más justa que soñaron los expedicionarios del 14 de junio de 1959?

Nos encontramos ante un balance lleno de contradicciones.

La República Dominicana es el país de América Latina y el Caribe que ha tenido el más alto crecimiento económico promedio durante las últimas cinco décadas.

Cincuenta años después de Trujillo hay muchísimas más escuelas y liceos y un alto porcentaje de los niños y niñas de nuestro país asiste a la escuela. Sin embargo, cuando se comparan los resultados escolares de la República Dominicana con los de los países centroamericanos nuestro país ocupa el último lugar.

¿Cómo esto ha sido posible?

Cincuenta años después de la Era de Trujillo, hay muchísimos más centros de salud, tanto públicos como privados. Desde hace más de diez años se está desarrollando un nuevo sistema nacional de seguridad social, que ha permitido mejorar la atención médica y ya brinda sus servicios a cerca de la mitad de nuestros ciudadanos y ciudadanas.

La casi totalidad de los partos se hacen en clínicas u hospitales; sin embargo, el promedio de la mujeres que mueren durante el parto es uno de los más elevados de América Latina.

¿Cómo esto ha sido posible?

Cincuenta años después de Trujillo disponemos de centenares de nuevos acueductos y sistemas de tratamiento de aguas servidas.

Sin embargo, a la fecha de hoy, todavía la mitad de los hogares dominicanos no tiene servicio de agua potable en su vivienda mientras el cólera hace estragos.

¿Cómo esto ha sido posible?

¿Tendremos que esperar otros cincuenta años para que llegue el agua de llave a los hogares que no la tienen?

Cincuenta años después de Trujillo las redes eléctricas se han extendido por todo el país.

Sin embargo, cerca de la tercera parte de los hogares no dispone de este servicio esencial. Servicio, por demás, caro y mal servido, caracterizado por apagones sin fin.

¿Cómo esto ha sido posible?

Cincuenta años después de Trujillo, de cada 100 dominicanos y dominicanas en condiciones y disposición de trabajar, solo 30 disponen de un empleo formal, 14 están desocupados y 56 se desenvuelven dentro de la llamada economía informal, sin ningún tipo de protección social.

De los dominicanos y dominicanas que tienen un empleo formal, el 53 por ciento gana menos de diez mil pesos al mes y el 79 por ciento gana menos de veinte mil pesos.

¿Cómo esto ha sido posible?

Este país no es el que se merece un pueblo tan luchador y trabajador como el dominicano.

A la muerte del tirano el pueblo dominicano escribió páginas de gloria y la esperanza de un futuro mejor se anidó en el corazón de nuestros hombres y mujeres.

Fuerzas negativas, nacionales y extranjeras, actuaron para marchitar la flor de un mejor porvenir. Aún así, cada cierto tiempo renació la esperanza de un futuro mejor.

Hoy día son muchos los hijos de la patria de Duarte que se sienten en el más profundo desamparo. Sienten que se han frustrado sus sueños.

Durante los últimos cincuenta años nuestro país ha avanzado en la construcción de una sociedad democrática y un estado de derecho.

Sin embargo, la desigualdad social y la falta de oportunidades mantienen excluidas a las grandes mayorías de los frutos y beneficios del crecimiento económico. Esta exclusión vulnera la capacidad de las personas para ejercer los derechos que les reconocen la Constitución y las leyes.
La realidad es que la República Dominicana de los últimos cincuenta años ha estado organizada sobre la base de un modelo de crecimiento económico con injusticia social haciendo del nuestro un país donde pocos tienen mucho y muchos tienen poco.
El modelo económico se ha sustentado en un modelo político de control de la sociedad basado en la demagogia y el clientelismo y, al final de cuentas, en la corrupción que los alimenta.
El resultado es una democracia pervertida en la que se manipula la voluntad de las personas aprovechándose de sus necesidades más elementales.
Esto nos ha llevado a una sociedad fracturada y desesperanzada, en la que tienden a florecer el delito y la inseguridad, una sociedad frágil y no sostenible.
No obstante, en el contacto con nuestro pueblo, aquí y en el Exterior, he constatado las extraordinarias experiencias que nuestra gente está desarrollando y estoy cada vez más convencido de nuestras enormes potencialidades.
La República Dominicana puede salir adelante y llegó el momento de renovar la esperanza.
Llegó la hora de cambiar el modelo político, económico, social y cultural que ha predominado en el país.

El fin del crecimiento no debe ser exhibir obras materiales ni ofrecer cifras frías, sino garantizar el desarrollo y el bienestar integral de las personas.

Estoy convencido que, entre todos y todas, podemos  construir una sociedad más próspera, más justa, más democrática, más solidaria, más productiva, más participativa, más institucionalizada y ambientalmente sostenible.

Una sociedad donde la gente viva con dignidad, alegría y paz y con el orgullo de ser dominicanos y dominicanas.

Para renovar la esperanza la orientación fundamental que guiará mis pasos, tanto durante la campaña electoral como desde la presidencia de la República, será procurar la mayor transparencia y la más amplia participación social.

Partiendo de esta línea de pensamiento, el programa de renovación de la esperanza debe ser elaborado por la propia sociedad dominicana.

En este mismo momento convoco a todas las organizaciones sociales y a todos los dominicanos y dominicanas de buena voluntad a reunirse en todo el país en asambleas ciudadanas.

De estas asambleas, democráticas y abiertas, deben surgir las propuestas y prioridades a ser integradas en el programa de gobierno, propuestas que no se quedarán en el papel.

No obstante, quiero compartir con ustedes algunos aspectos esenciales que deben ser tomados en cuenta en la elaboración del programa para renovar la esperanza.

El primer paso es restaurar la credibilidad del Estado y la  confianza de la ciudadanía.

Ninguna medida, por buena que sea, será efectiva si las instituciones públicas y los partidos están desacreditados y se asocia a funcionarios y a dirigentes políticos con hechos deshonrosos.

Si un candidato promete ser honesto, teniendo a su lado un corrupto reconocido, o un jefe de seguridad que además de corrupto es prepotente y abusador, nadie le podrá creer.

Se impone tomar medidas enérgicas de racionalización y  profesionalización de la función pública, eliminando los privilegios irritantes y las prácticas administrativas dolosas e ineficientes.

No más barrilito, ni cofrecito, ni nominillas, ni botellas, ni regalos denigrantes de la dignidad de las personas.

En su lugar, impondré la transparencia en los contratos públicos y trabajaré para que se aclare el rol y la acción del Banco Central, se apliquen las normativas internacionales a la banca, se reforme la Cámara de Cuentas para dotar al Estado de un control externo y eficaz, se racionalice el gasto público y se cumpla la ley de Presupuesto General del Estado, como instrumento de desarrollo y bienestar.

Designaré los viceministros establecidos en la ley y solo el personal requerido en los cargos diplomáticos, eliminando la práctica de nombrar personas en el exterior manteniéndose éstas en el país cobrando en dólares sin trabajar.

Se impone la revisión del organigrama del Estado y el reagrupamiento de las instituciones que tengan competencias similares.

El segundo punto clave es la superación del modelo de crecimiento económico con injusticia social en base al cual está organizada la sociedad dominicana.

Necesitamos crecer con eficiencia, equidad y justicia. Debemos ampliar nuestras capacidades productivas, proteger el patrimonio natural, no dejar al mercado como único árbitro de nuestras decisiones y desarrollar empresas sólidas y eficientes, competitivas y con alta responsabilidad social.

La creación de empleos productivos es el mejor mecanismo de política social y de lucha contra la pobreza y la exclusión.

El estímulo a la producción nacional debe estar en el centro del nuevo de desarrollo económico y social.

Pondremos el énfasis en los sectores productivos con más capacidad de crecimiento y de generación de empleos decentes.

La industria nacional será estimulada y recibirá todo el apoyo del Estado.
El nuevo modelo de producción agropecuaria deberá hacer justicia a los productores del campo.

El turismo debe ser reorientado a fin de garantizar su sostenibilidad. El nuevo modelo turístico deberá garantizar la democratización del dólar turístico, haciendo que los beneficios generados por el sector lleguen a un mayor número de dominicanos y dominicanas.

Le daré todo mi apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas, garantizando el fiel cumplimiento de la ley de las MYPIMES, en cuanto a la facilitación de crédito y capacitación, así como realizando la mayor proporción de  compras gubernamentales posible a este importante sector.

Soy partidario de las políticas de ingresos. Propiciaré el establecimiento de salarios justos y decentes a los trabajadores y trabajadoras, de manera que estos resulten beneficiados por el incremento de la productividad.

El programa de cambios debe incluir una reforma fiscal integral que exonere la producción, elimine los mecanismos de evasión fiscal y sirva como instrumento para la redistribución del ingreso y la riqueza.

Nuestro país debe aumentar la eficiencia y la calidad del  gasto público. Priorizaré el gasto social, y de manera particular el gasto destinado a la educación, la salud, el combate a la pobreza extrema. También las inversiones que contribuyan a elevar la competitividad del país y generar empleos de calidad.

Impulsaré la modalidad del Presupuesto Participativo y Transparente a nivel nacional. Con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se podrá asegurar la  transparencia y la participación de los diferentes sectores y regiones en la formulación y ejecución del Presupuesto General del Estado.

Cada chele gastado en mi gestión de gobierno será sometido al más estricto control técnico y legal, pero sobre todo al control social. Todas las inversiones públicas contarán con auditorías sociales, en las que participarán representantes de todos los sectores sociales y religiosos.

Si hubiéramos aplicado el Presupuesto Participativo y Transparente, quizás hoy no tendríamos tantos funcionarios y ex funcionarios multimillonarios.

Quiero destacar ahora la importancia de hacer de la dominicana una sociedad de deberes y derechos. Creo en la responsabilidad ciudadana y en un Estado que garantice la equidad.

Sé que las grandes desigualdades que caracterizan a la sociedad dominicana afectan en mayor medida a las mujeres, a los niños y niñas, a los envejecientes y a las personas con algún nivel de discapacidad.

Pondré particular énfasis en estos sectores sociales y promoveré la observancia de la igualdad de oportunidades en las políticas, planes, programas, proyectos, mecanismos de toma de decisiones, educación, trabajo, y en todo tipo de actividad económica, social o política.

El trabajo es el fundamento de toda sociedad. Los derechos de los trabajadores son fundamentales y deberán ser plenamente garantizados.

La seguridad social es un derecho humano. Actuaré a favor del fortalecimiento y desarrollo del Sistema Dominicano de Seguridad Social, a fin de que todo residente en el territorio nacional pueda disfrutar plenamente de sus prestaciones.

Me pronuncio, en fin, de manera clara y tajante, contra todo tipo de discriminación por motivos étnicos, religiosos, de sexo, de preferencia sexual, de definición ideológica o de militancia política.

Quiero detenerme con relación a la asistencia social. Esta debe ser institucionalizada y para ello someteré un proyecto de ley al Congreso Nacional, donde se establezcan con claridad los criterios y mecanismos para brindar asistencia social a la población sobre la base del cumplimiento de los derechos ciudadanos.

No obstante, no esperaré la aprobación de esa ley para ejecutar una política de asistencia social basada en criterios de justicia social, transparencia y participación ciudadana.

Los programas de transferencias condicionadas serán impulsados con un enfoque de derechos, y estarán encaminados a desarrollar capacidades en los beneficiarios que les permitan salir de la pobreza.

Se vinculará el diseño y ejecución de estos programas a las economías locales, para dinamizar la agricultura familiar y el mercado local de alimentos.

Nuestro país es deficitario en la mayoría de los niveles con los cuales los organismos internacionales miden la calidad de la educación. El ausentismo, la deserción temprana, el incumplimiento de las jornadas escolares, la falta de aulas, los reducidos sueldos de los profesores: todo esto no debe continuar.

Desde hace catorce años existe una ley que le asigna el cuatro por ciento del Producto Interno Bruto a la educación, pero esa ley no se ha ejecutado.

Me he pronunciado públicamente a favor del cumplimiento de esa ley. Desde la presidencia de la República la haré cumplir, como primer paso para recuperar todo el terreno perdido por la República Dominicana en materia de educación.

Nuestro país precisa de una verdadera revolución educativa, que garantice los niveles de inversión y calidad desde la educación inicial hasta la universitaria, haciendo hincapié en la formación de valores ciudadanos y en el desarrollo de habilidades para la inserción en el mundo productivo.

Dentro de los asuntos que no esperan está la eliminación del analfabetismo. Me comprometo a eliminarlo como han hecho otros países hermanos latinoamericanos.

Aunque la salud pública ha tenido avances, la calidad de la atención deja mucho que desear. Esta debe y puede ser mejorada y me propongo insistir en la prevención y en la educación para la salud.

Pondré toda la voluntad política que ha faltado para la plena implementación de las leyes de salud y de seguridad social, aprobadas hace más de 10  años.

En un país cuya población en estado de pobreza  supera más de la tercera parte del total, la seguridad y la soberanía alimentaria y la cuestión nutricional constituyen un asunto estratégico para el Estado dominicano.

El derecho a la alimentación es fundamental. Asegurar los alimentos básicos a la población empobrecida es un tema de primer orden. Le daré prioridad a la creación de cooperativas y empresas comunitarias o solidarias, con la finalidad de poner en todas las mesas los alimentos esenciales.

Hoy se entiende mejor en el mundo la cuestión del medio ambiente. Ya se sabe que la acción desaprensiva de los seres humanos produce efectos destructivos sobre la naturaleza.

Por su carácter insular nuestro territorio es muy vulnerable a los fenómenos naturales extremos consecuencia del cambio climático.

Reafirmo mi voluntad de aplicar las leyes para asegurar la sostenibilidad ambiental. Reitero mi convicción de que el Estado es el primer responsable de asegurar, por encima de intereses individuales y corporativos, la protección y el manejo adecuado de las reservas naturales y riquezas del país.

Le prestaré una atención particular a los temas de la energía y de la generación de empleos verdes. Promoveré el diseño de una nueva arquitectura energética basada, en la medida de lo posible, en energías renovables o, en su defecto, en las menos contaminantes.

El tema de la seguridad se ha constituido en una cuestión crucial. Estoy consciente de las causas sociales profundas del crimen y el delito.

Sé que la pobreza, la miseria, el hacinamiento y la falta de oportunidades se conjugan para generar el efecto perverso de la violencia, que tiene particular incidencia en la violencia intrafamiliar contra las mujeres y los niños y niñas.

Cerca del 30 por ciento de nuestros jóvenes están desempleados. Esta es la más alta tasa de desempleo de la región de Centroamérica y el Caribe. Los jóvenes que ni estudian ni trabajan se encuentran en una situación muy vulnerable.

Esta situación social crea condiciones para el desarrollo del crimen organizado y el narcotráfico, que se han constituido en verdaderas amenazas para la existencia misma de nuestra sociedad.

El crimen y el delito deben ser enfrentados con determinación. Pero no deben dar lugar a una violencia ciega e ilegal de parte de los organismos del Estado.

En tal sentido, no permitiré que se siga matando a jóvenes y mujeres en nuestros barrios, debido a la incapacidad de las  instancias de orden público de cumplir con su deber de garantizar la paz ciudadana respetando los derechos humanos.

Para enfrentar el problema abogaré por un sistema de seguridad pública más democrático, eficiente y respetuoso de los derechos humanos, partiendo de un enfoque integral basado en una participación real de la ciudadanía.

Las prácticas clientelares, el nepotismo, la prevaricación y la corrupción se han reproducido de modo alarmante, degradando el ejercicio de lo público.

La corrupción incrementa la desigualdad social, sustrae recursos del erario público, desconoce los derechos de la ciudadanía cuando privilegia a familiares, amistades y partidarios políticos, y afecta a la juventud deformando su sistema de valores.

La transparencia, la excelencia y la probidad en el gobierno son imperativos éticos y deberes inexcusables de quienes detentan funciones públicas.

Me comprometo a constituir un gobierno que trabaje en equipo, cuya gestión se base en la coordinación, y cuyos integrantes sean ejemplo de dignidad, honestidad y probidad en el manejo de los recursos del pueblo dominicano; un gobierno que cumpla y haga cumplir estrictamente la constitución y las leyes.

Agrego que si en un gobierno presidido por mi se descubre cualquier acto de corrupción no habrá impunidad: Los implicados no importa quienes fueren, serán sometidos a la justicia y tendrán que responder por sus hechos.

El mundo actual es un mundo de tensiones e incertidumbres. La coyuntura internacional es compleja e incierta.

En 2008 estalló la más grave crisis que haya conocido el sistema capitalista desde la Gran Depresión de 1929.

Contrario a los pronósticos optimistas, la crisis presenta nuevas facetas como lo demuestra la crisis fiscal del país más poderoso de la Tierra, los Estados Unidos.

Debemos tener conciencia de que esa crisis arrastrará al mundo a un repunte de la recesión.

En estos días arde Londres, los movimientos de indignados levantan su voz en Europa y en muchos otros países mientras siguen su curso las revueltas de los pueblos árabes.

Creo en un mundo mejor y saludo con alegría el despertar de los pueblos latinoamericanos que se expresa a través de sus gobiernos progresistas.

Sostengo que el desarrollo de Haití forma parte del interés nacional de la República Dominicana y que nuestro país debe promover cuantas iniciativas solidarias le sean posibles a favor de la nación vecina.

Es del interés de ambos países mantener las mejores relaciones dentro del marco de respeto de sus respectivas soberanías.

Antes de concluir, quiero hacer algunas precisiones.

Mi candidatura presidencial expresa una voluntad de cambiar las formas de hacer política en la República Dominicana.

No creo en la demagogia, en el populismo ni en el clientelismo.

Me propongo actuar de manera diferente, diciendo las cosas con claridad.

No se puede confiar en la gente que dice una cosa y hace otra. Creo en la coherencia y, como dijo José Martí, se predica con el ejemplo. No creo en ofrecer lo imposible.

Sé que la situación nacional e internacional es muy difícil y lo que tenemos enfrente no es un jardín de rosas.

Salir adelante costará trabajo. Pero creo en el esfuerzo común que dará como resultado un país mejor.

En medio de la Segunda Guerra Mundial, mientras su país era azotado por los bombardeos nazis, el líder inglés Winston Churchill le dijo a su pueblo que solo podía ofrecerles “sangre, sudor y lágrimas”.

Su consigna galvanizó a los británicos y su unidad contribuyó a la derrota de las fuerzas del nazismo.

Por eso no hago promesas de campaña, de esas que pueden ser tiradas al zafacón después que se gana una elección.

Sencillamente, les digo cómo pienso y cómo encararía los graves problemas que aquejan a nuestra sociedad.

La crisis económica mundial afectará a todos los países del planeta y frenará nuestro crecimiento.

Cualquiera de los candidatos que sea favorecido por el voto popular tendrá que enfrentar estas situaciones con realismo y valentía.

Lo que sí les puedo asegurar es que se puede hacer más de lo que se ha estado haciendo, y de otra manera.

Lo que sí les puedo prometer es que de ser beneficiado por el voto del pueblo dominicano seré un administrador del Estado que cambiaré la forma de gobernar tradicional.

No podemos resolver problemas nuevos con recetas viejas y con gente acostumbrada a aplicar esas recetas antiguas.

El freno a la corrupción solamente se podrá lograr con el apoyo y vigilancia de la gente, de ustedes.

Quiero gobernar con las mejores reservas de nuestro país, con las personas más capacitadas de cada sector, independientemente de cual sea su color político.

Necesitamos un gobierno de ciudadanos dignos, íntegros, de una ética intachable.

Quiero gobernar con la gente.

Renovar la esperanza significa también hacer una campaña electoral diferente, centrada en el debate de ideas.

Merecemos y debemos exigir campañas dignas y decirle no al  despilfarro del dinero del pueblo en caravanas, discolights, repartición de salamis, puerquitos, ron y dinero.

Debemos decirle no a campañas electorales dañinas para el medio ambiente, al ruido ensordecedor, a la sangría de dólares que se esfuma con la gasolina de las caravanas.

Tengo fe y confianza en nuestro pueblo.

Cambiar el curso de la historia requiere de la voluntad política y de la participación de los hombres y mujeres de la República Dominicana que queremos un país más libre, más justo, más democrático y más solidario.

Les invito a acompañarme en esta tarea patriótica respaldando mi candidatura a la presidencia de la República.

Muchas gracias.

Santo Domingo, 11 de agosto de 2011.

INSTITUCIONALIDAD
EQUIDAD
SEGURIDAD
MEDIO AMBIENTE
Nombre*
Apellido*
Email*
Ciudad