PALABRAS PRONUNCIADAS POR MAX PUIG, CANDIDATO PRESIDENCIAL DE LA ALIANZA POR LA DEMOCRACIA (APD), EN OCASIÓN DE LA ASAMBLEA NACIONAL DE DELEGADOS DEL 4 DE MARZO DE 2012
Hace un momento acabamos de ratificar, dentro del marco de lo establecido por las leyes de la República, nuestra decisión política de participar en las elecciones presidenciales de mayo de 2012 con una candidatura propia.
Esta posición había sido decidida luego de un intenso y fructífero proceso de evaluación de la situación política nacional. En junio de 2011, el Tercer Congreso de la Alianza por la Democracia la ratificó de manera unánime.
Se trata de una decisión sopesada, ampliamente consultada.
Sin embargo mucha gente, influida por la ideología clientelista que predomina en el país, no entendió en un primer momento nuestro propósito.
Algunos me llegaron a decir que soy tonto y que la APD estaba equivocada.
Me dijeron que, en nuestro país, mucha gente a lo que aspira es a participar en el gobierno y que conmigo la APD, estando en el gobierno, pudiera conseguir más y mejores puestos.
La lealtad al pueblo y a los principios y valores
Esas personas no entendieron que no se trata de puestos en la administración pública. Que es asunto de valores y principios, de coherencia y de responsabilidad.
No entendieron que es asunto de lealtad. De lealtad al pueblo dominicano y a la decisión que hemos tomado de servirlo hasta las últimas consecuencias.
En la APD constatamos que a pesar de todos los esfuerzos desplegados por nosotros participando en el gobierno la desigualdad social, la falta de oportunidades y la injusticia seguían siendo el pan de cada día del pueblo dominicano.
Llegamos a la conclusión que la explicación de fondo de esta dolorosa realidad es que la República Dominicana de los últimos cincuenta años ha estado organizada sobre la base de un modelo de crecimiento económico con injusticia social donde pocos tienen mucho y muchos tienen poco.
Este modelo económico se ha sustentado en un modelo político de control de la sociedad basado en la demagogia y el clientelismo y, al final de cuentas, en la corrupción que los alimenta.
El resultado es que vivimos en un sistema político de democracia pervertida, en el que se manipula la voluntad de las personas aprovechándose de su miseria y de sus necesidades más elementales.
Esto nos ha llevado a una sociedad fracturada, frágil y no sostenible.
La lucha de David contra Goliath
Decidimos luchar de frente por el cambio del modelo, tanto a nivel económico, como social, político y cultural.
Emprendimos así, en condiciones que sabíamos eran bien desiguales, con decisión, serenidad y firmeza, la batalla por la presidencia de la República.
El 11 de agosto del pasado año, emprendimos el camino del honor. Desde entonces hemos estado recorriendo todo el territorio nacional. Predicando nuestra verdad como si fuera un nuevo Evangelio.
Las dificultades no nos han detenido. Hemos enfrentado el monopolio que comparten los partidos tradicionales: el Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Revolucionario Dominicano y que hemos designado como el duopolio.
Sabíamos, por anticipado, que la nuestra era la lucha de David contra Goliath. Y la asumimos conscientes, seguros de que la victoria, tarde o temprano, será nuestra y del pueblo dominicano.
Sabíamos de la pobreza de nuestro pueblo. Sabíamos que un pueblo pobre puede ser sometido a las presiones más terribles. Un niño que llora por hambre agrieta la voluntad del más fuerte.
Las campañas sucias
Sabíamos que deberíamos enfrentarnos a las formas más sucias del quehacer político. Que en la lucha por el poder se utilizarían los procedimientos más bajos y condenables.
No nos equivocamos. Cada día que pasa los hechos confirman que teníamos toda la razón.
Ahora que estamos en plena campaña sucia, quiero ratificar mi punto de vista y el de la Alianza por la Democracia.
Estamos en contra de las campañas sucias, contra todo tipo de campaña sucia.
Difamar es campaña sucia. Estamos en contra de esta bajeza.
Si alguien difama, el agraviado debe utilizar todos los recursos que la ley le reconoce y atacar en justicia al difamador.
Si la violación es clara y las pruebas son patentes, no hay escapatoria: el violador deberá ser condenado y deseo, y solicito, que se apliquen las más severas sanciones.
No se puede jugar con la honra de las personas.
Hay muchas formas de campaña sucia, de juego desleal en la política.
Hay muchas formas de violar las reglas de juego escritas, que están en la ley, y de violar las reglas de juego no escritas, que están registradas en la conciencia de las personas.
La peor de las campañas sucias son las orientadas a la compra de conciencias, la que procura alterar la conciencia íntima de las personas y alterar su voluntad.
Comprar adhesiones políticas es la más sucia de las campañas sucias.
Más que sucia, esa forma de hacer política es verdaderamente asquerosa.
Estoy, pues, contra la campaña sucia y contra la campaña asquerosa, la más sucia de las campañas.
Hay muchas formas de comprar conciencias.
Con una fundita, con una botella, con quinientos o mil pesos el día de las elecciones, con una contrata otorgada de grado a grado, con la amenaza de la cancelación, con la promesa del enriquecimiento fácil.
De esa manera, hay gente que cambia de chaqueta. A veces los chaqueteros cambian de posición por poca cosa. Otras veces, por una promesa que resulta incumplida. Con lo que pierden su dignidad a cambio de nada.
Penosa realidad la de los que se venden. A veces, cuando les queda algo de conciencia, ese poquito de conciencia que conservan, les remuerde. Y la pasan dura, lamentando el mal paso en el que han perdido su credibilidad y honorabilidad.
En la APD rechazamos la campaña sucia, el transfugismo, la compra de conciencias, los comerciantes de la política como decía Juan Bosch. Por eso, frente a los cantos de sirena de esos comerciantes, nosotros asumimos la política como un compromiso indeclinable a favor de los que tienen hambre y sed de justicia y libertad.
Vergüenza contra dinero
Si algunos han olvidado las enseñanzas del maestro, nosotros no.
Seguimos, y practicamos en los hechos, los principios éticos que movieron la acción pública de Juan Bosch, ese hombre íntegro, solidario y patriota que le enseñó democracia al pueblo dominicano.
Recuerdo su reacción hace cincuenta años, cuando se quiso comprar con dádivas el voto del pueblo dominicano, en las primeras elecciones democráticas después del ajusticiamiento del tirano Trujillo.
Vergüenza contra dinero fue su respuesta.
La campaña decente; una campaña con dignidad
No solamente hemos planteado la necesidad de cambiar el modelo de crecimiento económico con injusticia social.
Actuamos para cambiar también la forma de gobernar. Hay que gobernar con otra lógica: a favor del pueblo y no a favor de minorías privilegiadas.
Para eso hay que cambiar la forma de hacer política. Dejar de lado el clientelismo y los métodos de los Doce Años.
Lo hemos dicho y repetido: no estamos de acuerdo con el despilfarro del dinero del pueblo en caravanas y regalos que degradan la dignidad de las personas.
Por eso hemos asumido otra forma de hacer campaña
La nuestra es una campaña de ideas. Una campaña caracterizada por propuestas. Propuestas bien pensadas, factibles, realizables.
Propuestas que se han nutrido de la sabiduría del pueblo a través de las asambleas ciudadanas que hemos realizado con los más diversos sectores sociales a todo lo largo y ancho del país.
Estos intercambios nos han permitido concretar nuestra propuesta general de cambio del modelo de crecimiento económico que ha prevalecido los últimos cincuenta años.
Hemos hechos planteamientos precisos a favor de los productores nacionales, al propugnar por un nuevo modelo de desarrollo agropecuario.
Estamos defendiendo la democratización del crédito, el impulso a la industria nacional, el establecimiento de un nuevo modelo en el turismo que permita la democratización del dólar turístico y el beneficio de las comunidades.
Todo esto va en la dirección que he planteado de colocar la producción, el empleo y los ingresos en el centro de las políticas públicas. Esto permitirá sostener el esfuerzo de los miles de hombres y mujeres que dirigen o aspiran a desarrollar pequeñas y medianas empresas. He dicho, y reitero, que la creación de oportunidades a través de las PYMES es una estrategia fundamental para el desarrollo de la República Dominicana y para el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestro pueblo.
Nuestras políticas de transparencia, desarrollo institucional y enfrentamiento a la corrupción son claras y precisas.
Nuestra política de mejoramiento del gasto público, poniendo el énfasis en el gasto social ha sido expuesta.
Ahí está nuestra línea de acción clara y consecuente respecto a la educación, precisando cómo aplicaríamos concretamente el cuatro por ciento.
Lo mismo puedo decir respecto a la política que salud, con énfasis en la prevención y la educación en salud.
El modelo de crecimiento económico con injusticia social está frenando el desarrollo del sistema de seguridad social. He planteado la solución al principal bloqueo del sistema sugiriendo el establecimiento del monotributo o tributo único, a fin de lograr el ingreso de más de cuatro millones de trabajadores informales o por cuenta propia al sistema.
Nuestro enfoque es un enfoque de derechos y con esa mirada formulamos nuestras propuestas con relación a las personas con capacidades diferentes, para la erradicación del hambre, a la asistencia social.
Lo mismo vale acerca de nuestra política sobre la mujer: en torno a la preservación de su integridad física y moral, la equidad laboral, sus derechos reproductivos y la representación política, que se basa en el principio de la paridad.
Creo en la juventud que no es simplemente futuro como a menudo se pretende, sino que es presente angustioso para la mayoría de nuestros muchachos y muchachas.
Nuestra política internacional es clara y precisa. Conocemos Haití y planteamos una política de cooperación y solidaridad basada en el respeto y la convivencia.
Electricidad, mejor uso de los fondos de PETROCARIBE, defensa de la libertad sindical y defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, defensa particular de los derechos de las trabajadoras domésticas y su integración a los beneficios de la seguridad social, así como de muchas otras mujeres y sectores explotados, forman parte de las muchas propuestas específicas que de la nuestra una campaña respetuosa y de altura.
Una lucha permanente
Nuestro pueblo ha desarrollado mil batallas para salir adelante.
La Alianza por la Democracia asume con orgulloso la responsabilidad de continuar esas luchas.
De manera particular, siempre he luchado por la democracia y la igualdad desde las más diversas trincheras.
La batalla de hoy la estamos librando desde la trinchera electoral.
Tenemos que ser efectivos en este combate que tiene como campo de batalla el terreno de las ideas.
Nuestras armas son nuestras ideas y los instrumentos que utilizamos para transmitirlas.
De lo que se trata es de convencer al mayor número de dominicanos y dominicanas de la certeza de nuestros planteamientos.
Que cada uno ocupe el lugar de honor que le corresponde en este momento decisivo.
Que nadie se quede inactivo.
Que cada uno aporte en la medida de sus posibilidades.
No hay un día qué perder.
Apliquemos al proceso electoral lo que dijo el generalísimo Máximo Gómez durante la guerra de independencia de Cuba: “Un día sin combate es un día perdido”.
Muchas gracias.
Santo Domingo,4 de marzo de 2012.





